Detalles que marcan la diferencia en la indumentaria de Primera Comunión

La Eucaristía representa un paso importante en la vida espiritual de millones de creyentes y un momento familiar que no pocos recuerdan con ilusión. Con semanas o meses de antelación, los progenitores planifican este acontecimiento con todo cuidado, poniendo especial atención en la indumentaria y sus complementos. Ciertos detalles marcan aquí la diferencia, como comprar lazadas de comunión niñas, un accesorio cargado de elegancia y simbolismo. 

Este complemento, formado por una cinta de tela que se ata alrededor de la cintura, sirve para personalizar y estilizar el vestido. Se elabora con telas como el raso, la organza o la gasa, pudiendo decorarse con bordados y otros adornos. Los expertos afirman que las lazadas representan la pureza y el compromiso con una vida basada en la fe.

Otros accesorios con un fuerte simbolismo son los cordones, ribetes, pañuelos y otros adornos marineros. Desde finales del siglo diecinueve se estila que los comulgantes varones reciban la Eucaristía con trajes de almirante y marinero. La mejor forma de perpetuar esta tradición es cuidar los pequeños detalles, como los bordados inspirados en anclas y timones.

Las corbatas y pajaritas infantiles son complementos que han resistido bien el paso del tiempo, al menos en esta celebración cristiana donde la etiqueta formal y solemne todavía es bienvenida. Su tamaño y color debe armonizar tanto con la edad del comulgante como con el traje elegido.

Los bordados y encajes, por su parte, son recursos útiles para realzar la estética de la falda, las mangas y otras secciones del vestido. Pueden confeccionarse con patrones florales, reproduciendo las iniciales del nombre, con bordes ribeteados, etcétera.

Respecto a los fajines de tul, organza o lino, son más funcionales que las lazadas, ya que además de embellecer el vestido de comunión, ciñen su cintura y mantienen la falda bajo control, evitando tropiezos y situaciones incómodas.