El pescado azul es uno de los protagonistas indiscutibles de la cocina mediterránea. Las distintas especies que engloba (Atún, salmón, caballa, etcétera) sobresalen por su altísimo aporte de grasas saludables, en especial de omega-3, motivo por el que están indicadas para las personas con dolencias cardiovasculares o colesterol alto.
Sin duda el atún representa a la perfección el potencial culinario y el gran valor nutricional de los pescados azules. Se distingue por su sabor exquisito y su aporte de vitaminas y minerales esenciales. Su despiece proporciona un ingrediente adecuado para cada elaboración culinaria (la ventresca o ijada se emplea en el sushi, por ejemplo). La sobreexplotación de sus especies ha motivado la creación del Día Mundial del Atún para reivindicar su protección.
El salmón es otro de los pescados con mejor reputación. A sus propiedades organolépticas se suma un contenido graso superior a la media. Los seguidores de dietas light pueden incluirlo en su dieta, dada la excelencia de sus grasas, beneficiosas para reducir los niveles de colesterol LDL. En Europa, la mayor parte del salmón en circulación proviene de Noruega y Escocia.
Pequeñas pero matonas, las sardinas son las «reinas» de los platillos a la plancha. Su precio asequible contrasta con su inmejorable perfil nutricional, abundante en calcio, yodo, creatina, omega-3, magnesio, etcétera. Son varios los nutricionistas que señalan a la sardina como el pescado más saludable.
Tan versátil en la cocina como accesible para el ahorrador medio, la caballa se ha ganado un lugar en la despensa española. Se trata de uno de los pescados atlánticos con menor concentración de mercurio, pudiendo consumirse con mayor frecuencia que el resto de forma segura.
La lista de peces azules que despuntan por su perfil nutricional se cierra con el arenque, el boquerón, la trucha, el pez espada, el jurel y la palometa.