1) La gestoría. Vale que quizás no estés ganando demasiado dinero y que por tanto puedas pensar que no vale la pena contratar a nadie para llevar tu contabilidad. Pero, ¿cuánto tiempo al mes pierdes llevando el control de tus cuentas? ¿Y pagando los impuestos y realizando la declaración de la renta?
Y esto por no hablar de que si olvidas ingresar algo dentro de su plazo legal puedes acabar pagando multas bastante sustanciosas. Un gestor no va a cobrarte a ti lo mismo que a una empresa grande y te quitará las castañas del fuego, por no hablar de que ganarás tiempo que podrás emplear para trabajar o para estar con tu familia.
2) El mantenimiento informático. Quizas pienses que contratar un servicio de mantenimiento informatica Barcelona es algo pensado exclusivamente para empresas con empleados y no para un autónomo que trabaja en su casa. Pero no es así.
Si trabajas con tu ordenador este se convierte en tu herramienta de trabajo y por tanto en algo muy importante. ¿Qué repercusiones tendría ahora mismo para tu trabajo perder todos los datos de tu ordenador? ¿Y descubrir que tienes un virus que estás propagando a todos tus clientes?
Una empresa de mantenimiento informático puede ofrecerte paquetes adaptados a ti, para un solo ordenador y para el uso que le estés dando. Será una de tus mejores inversiones ya que te ahorrará muchos sustos debidos a facturas de técnicos inesperadas, por no hablar de cosas más serias.
3) El orden en el espacio de trabajo. Cuando se trabaja en casa a menudo lo personal y lo profesional acaban con una frontera difícil de delimitar. Pero no debería de ser así. No importa si dedicas un mueble o una estantería o simplemente una balda en la pared a tu trabajo. Debe de ser un lugar exclusivo.
Solo ahí estarán tus papeles de trabajo y ahí solo habrá papeles de trabajo. Esto es fundamental para que siempre tengas todo a mano y no acabes convirtiendo tu casa en un verdadero caos.
4) Los horarios. Vale que una de las ventajas de ser autónomo está en poder tener horarios flexibles pero a veces esa flexibilidad no es tal y acabas convirtiéndote en un trabajador 24/7, es decir veinticuatro horas al día y los siete días de la semana. Fíjate al menos un día de descanso y un periodo, aunque sea corto, de vacaciones.