El umbral del dolor 

Tengo un recuerdo de hace muchos años en el colegio cuando estábamos hablando del dolor. No recuerdo cómo surgió el tema, es posible que fuese en una clase de naturales o algo así, pero no se me olvida lo que dijo mi profesor sobre el peor dolor que había tenido en su vida: las muelas del juicio. No sé por qué, pero fue algo que me quedó grabado, supongo que por el énfasis que le puso el profe: me dejó asustado esperando que algún día llegara mi propio día del “juicio final”.

Pues ese día llegó hace poco. Empecé con unos dolores que yo presuponía que eran de cabeza. La cabeza me suele doler periódicamente. Como es algo que me pasa habitualmente no le suelo dar más importancia. Se me pasa en unas horas o un par de días a lo sumo. Pero en este caso, el dolor no se iba y empecé extrañarme. Entonces fui al médico de cabecera y fue él el que me dijo que si me había revisado la dentadura recientemente. Al principio, no le di relevancia a su comentario. Me tomé la medicación que me dio, pero el dolor persistía.

Fue entonces cuando empecé a agobiarme un poco y acudí al dentista por si acaso, aunque estaba seguro que no tenía nada que ver con ese tema. Pero a los pocos segundos de revisarme me dijo que tenía una gran caries en las muelas del juicio. Le pregunté si podía generar un dolor que pareciese de cabeza y que en ocasiones la sensación de dolor se puede extender por parte de la zona inferior de la cabeza. Pero la única manera de estar seguros de que el dolor procedía de la muela del juicio dañada era tratándola.

Me dijeron que la mejor opción era quitarla. El dolor iba a más así que me pareció bien. En los dos o tres días que mediaron entre la primera consulta y la cita para quitar la muela, el dolor llegó a su punto culminante y recordé las palabras de mi viejo profesor. No creo que fuera el peor dolor que había sentido en mi vida, pero sí que era un dolor muy especial y molesto que solo se fue cuando por fin me quitaron la muela.