La empatía 

Cuando conocí a mi novia ya tenía bastantes problemas en la piel. Yo nunca le di importancia, pero sé que ella estaba un poco traumatizada por ese tema y me costó bastante entenderlo. Como a mí no me preocupaba, siempre insistía en que tampoco le diera tanta importancia, hasta que un día se enfadó y me plantó. Todo esto me ayudó a entender que cada uno es como es y que hay que intentar compartir la preocupación de los seres queridos.

Recuerdo que al poco de empezar a salir un día me dijo que tenía que ir a la Clinica dermatologica. Yo me lo tomé un poco a broma. Le dije que si era una estrella de la tele o algo así. Como no teníamos mucha confianza ella me siguió la corriente, pero con el tiempo asumí que esa clase de bromas no le hacían ninguna gracia.

Poco a poco, fuimos cogiendo más confianza y me empezó a especificar más qué tipo tratamientos estaba llevando. Me comentó que desde pequeña tuvo la piel muy sensible y que las condiciones externas le afectaban mucho, por lo que debía tener mucho cuidado con el sol, por ejemplo. Esa era la razón por la que no era una fanática de la playa y siempre usaba mucha crema en cuanto llegaba el buen tiempo. Por suerte para ella, donde vivíamos en aquella época el buen tiempo no era lo más habitual. 

A medida que me fue explicando el problema, entendí que era un asunto que le preocupaba mucho. Más allá de la gravedad o no que tuviera, me di cuenta que debía intentar ponerme en su lugar para apoyarla mejor. Dejé a un lado las bromas y las tonterías, y me lo tomé en serio. Cuando un día me dijo que al día siguiente tenía que ir a revisión a la Clínica dermatológica y que no podía quedar, le dije que quería acompañarla. Puso una cara un poco rara y luego me dijo que sí. Mucho más tarde me confesó que se emocionó bastante porque quisiera acompañarla, que en ese momento se dio cuenta que algo había cambiado en mí y que podía madurar un poco…