La vaca Lola

Durante un tiempo se llegó a valorar ponerle un nombre vasco a nuestro hijo, por aquello de mantener la tradición. Pero después desistimos y le pusimos un nombre sin ‘raíces’. Tanto mi mujer como yo somos vascos, pero ninguna de nuestras familias procede de ahí. Los padres de mi mujer son extremeños y los míos palentinos. Y aunque pasamos buena parte de nuestra vida en el País Vasco nunca nos llegamos a sentir del todo identificados con el pensamiento dominante, por decirlo así.

Algunos de mis mejores amigos vascos de pura cepa me animaban, y me sigue animando, para que mi hijo que, de momento, se está criando en Madrid, no pierda sus raíces. Bueno, debería decir que sus raíces están tanto en Euskadi como en Palencia y Extremadura. De cualquier manera, es cierto que nosotros le tenemos mucho cariño a nuestra tierra y tampoco queremos que el chaval se olvide de ella, si es que nunca le toca volver a vivir allí.

Cuando tenemos unos días de vacaciones nos gusta ir al pueblo de mis tíos que tienen una explotación ganadera. Están enfocados en la producción de leche de pastoreo que ahora se vende cada vez mejor una vez que algunas firmas importantes de la región están introduciendo ese tipo de leche entre su línea de productos. A nuestro hijo le encanta corretear por el campo, algo que no cata mucho en Madrid.

Aquí sí se nota que el chaval es del norte. Sin duda, su animal preferido es la vaca. Nos tiene un poco amargados con la canción de la ‘Vaca Lola’ ya que tenemos que cantársela constantemente. Está en una época de cantar y bailar y esa es su preferida. Así que allí en el campo, todas son vacas Lolas, las señala y las mira y se queda alucinado.

Nuestros tíos nos dicen que el niño ya está apuntando manera de buen vasco… a pesar de su nombre. Dicen que van a necesitar gente que el negocio de leche de pastoreo va cada vez mejor. ¿Le están ofreciendo un trabajo al niño? Bueno, no nos importaría nada que trabajase en ello, si de mayor sigue llevándose tan bien con sus queridas vacas.